SOBRE MARCHAS, COLECTIVOS, y el Orgullo Gay

Medios internacionales han resaltado estos días la marcha del Orgullo Gay en Toronto, Canadá, comandada por el (liberal) Primer Ministro Justin Trudeau,

 

acompañados por el (conservador) alcalde de Toronto, John Tory.

Admiro la sensatez y valentía de gobernantes que salen abiertamente a defender el derecho a la felicidad que tienen los que padecen de homosexualismo.

Sospecho que ambos bandos en pugna (fundamentalistas religiosos, y asociaciones de lesbianas, gays, y demás que conforman LGTB) están en estos momentos deplorando contra mi al leer mis asertos: -sensatez-valentía => padecer-, puesto que, para mi, defender el derecho inalienable a ser libres y a ser felices de tales grupos es dignísimo y obligatorio para toda alma que se precie de justa, y, asimismo, yo decir que no comparto lo del ‘orgullo’, pues lo que padecen lo considero un error de la naturaleza, similar a la desmesura en crecimiento, o poco crecimiento, en la talla corporal que padecen ciertos humanos y a muchos de los cuales luego los exhiben en circos, o en TV, como llamativos equívocos de la madre naturaleza, y tales hechos no son para nada dignos de alabarse; que pregunten a ellos, o a los padres de tales personas si no es maldición lo que padecen sus hijos.

Sufrientes Homosexuales, y sufrientes de cualquier experimento de la naturaleza, son dignos de nuestros amor y respeto, mas no de alabanza las terribles crueldades que los asolan. Y a ellos corresponde mismos e iguales derechos que a todos.

Por ende no subo a ningún colectivo, ni al fundamentalismo religioso que los condena, ni al que exalta el error; éstos, aducen que el homosexualismo no es genético, sino elección propia.

Soy heterosexual y he preguntado a mis colegas en qué momento de su adolescencia decidieron a qué grupo se ‘dedicaban’; me miraron espantados; lógico, a todos la genética nos llevó en andas hacia el primoroso sexo femenino. No hubo en absoluto decisiones personales. Asimismo no olvidemos que TODOS portamos genes y hormonas de uno y otro sexo; a veces la naturaleza hace cosas que nos cuesta comprender, y las cuales nos traen problemas. Por ende, no es culpa de nadie tener de más, ni de menos, relativo a genética compartida por ambos sexos (y es por ello que existen personas bisexuales).

La homosexualidad es una de las tantas tragedias con que la naturaleza azota al ser humano para evidenciar los avatares en que estamos inmersos, asimismo de los límites imprecisos y no premeditados ni elaborados ya que el azar no es planificado, … sino no sería azar, en similar línea, y mediante ello, la naturaleza nos brinda la posibilidad de practicar sabiduría mediante virtudes como la templanza, la tolerancia, el aceptar que no todos somos iguales, pero que sí todos tenemos los mismos e iguales derechos a ser felices y practicar los gozos del amor y la pasión sin culpas ni condenas.

Obsérvese que los fanáticos religiosos que condenan a homosexuales son los mismos que admiran a asesinos como Samuel (“Matad y matad sin piedad alguna a mujeres, ancianos, e inclusive a niños de pecho!”) a David, quien enviaba asesinar soldados para arrebatarles esposas y mujeres, y a psicópatas como Moisés, quien mataba inocentes animalitos desde el amanecer hasta el anochecer, mientras que con la sangre todavía caliente de sus víctimas pintaba lo que encontraba a su paso al grito de:

Nadie morirá por los pecados de otro!

(de haber habido alguien con alguna neurona hábil, allí, posiblemente así hubiese seguido dicho diálogo:)

Pero Moisés, … ¿por qué matas inocentes, entonces?

Para lavar culpas ajenas, -respondía el crápula.

¿No dices que nadie inocente morirá por otro?

—Calla, estúpido, o quieres que la masa caiga en cuenta?

……………………………

asimismo, Moisés, inventor del Moloc dios Yahvéh, y el cual ha dedicado su existencia -según Moisés y Asociados-, a matar hijos ‘muy amados’, … y no para, no para de asesinar, y eso que al lado de él hay otro dios y rey y el cual es el ‘summum’ del amor (al que llaman Jesucristo) y el cual se rasca, desde hace dos mil años, el ombligo, mientras sus supuestos hermanos, aquí en el planeta Tierra, forman montañas y cordilleras de cadáveres humeantes. Cuesta creer semejante delirio instaurado a fuego, sangre inocente derramada y muerte, por la religión y sus tenebrosos secuaces.

Y, a modo de colofón, frutilla del postre y broche de oro, recordemos al machista llamado Pablo (apóstol), el cual ordenaba: “La mujer callada estará, sujeta (como si fuese un perro) a su marido; le prohíbo enseñar, ya que no fue Adán quien cayó, sino Eva, pero se redimirá teniendo muchos hijos”.

Conciudadanos del planeta Tierra, así estamos.

Raúl Silverio López Ortego.

Escritor. Editor. Presidente de Limaclara Ediciones.

Desde algún lugar del Bosque de Limaclara, Buenos Aires, Argentina.

http://limaclara-ediciones.com/wp-content/uploads/downloads/2016/07/SOBRE-COLECTIVOS.pdf

www.limaclara-ediciones.com

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